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jueves, 10 de abril de 2008

Diatriba sobre el sexo con amor o el amor sexual... o el amor al sexo...o sexo con sexo porque el amor...

Sexo con amor o sólo sexo

Bueno, las cosas no son como las pintan las abuelas…o tu mamá…o en las películas.

El sexo puede ser sórdido, apasionado, cariñoso, con el corazón, doloroso, húmedo, caliente, suave, aburrido, embriagante, envolvente, largo, corto, breve, prolongado, profundo, fecundo (el más peligroso), poético, exhaustivo, exploratorio, ginecológico, superficial, chocante, barato, caro, complaciente, gratificante, agradecido, sudoroso, asqueroso, sucio, apretado, flojo, de lado, por atrás, arriba, abajo, parados (eso es importante), abierto, cerrado, sin gracia, sin amor…

Este es muy común, sobre todo en los años adolescentes, yo no tengo mucho que hablar al respecto, porque no tuve mucha experiencia previa a mi matrimonio, más que con una novia, con quien tuve una relación tórrida, enfermiza que no terminó bien. Nos perdimos en el camino…

Bueno, antes de eso, tuve varios encuentros que eran el epítome del sexo sin amor. Esas señoras servidoras públicas, cuya profesión es tan vilipendiada por los conservadores, me abrieron los ojos al mundano mundo del sexo. Fue muy traumática mi primera experiencia. Sin detalles, puedo decir que la recuerdo muy a mi pesar por eso, por traumática.

Recuerdo otra en la que la señora (ita, tal vez), al terminar nuestra transacción pasó frente a mi en el salón de exposiciones del bar y me vio con una mirada de complicidad, no se porque, talvez porque intenté explorar un poco esa vez…no se. Quiero obviar los detalles así que hasta ahí me quedo.

No es lo más honorable que he hecho, pero tampoco lo menos honorable, si es que se le puede llamar. Pero para ejemplificar la idea del sexo sin amor, ahí está mi experiencia.

La relación tórrida mencionada más arriba es digna de análisis. También sin detalles, puedo decir que desde un principio fue puro instinto de parte mía. No hubo más que tripa y vísceras para hacerlo. Luego mis tripas se sublevaron y le ordenaron a mi cerebro pensar que estaba enamorado de ella, pero ella ya estaba harto de mi, así que se buscó a otra ella con quien si obtuvo buen amor y supongo que algo de sexo, que por cierto no alcanzo a entender o imaginar, cómo se pudo atrever con semejante esperpento.

En fin. Luego yo me harte (muy poco tiempo después), de estarla rogando e imaginándome esa escena de sexo entre la marimacho y la susodicha. Creo que ahí si debió haber amor, porque de veras la tipa era desagradable. No lo digo como muestra de despecho o de desagravio hacia ellas por la dolencia que me pudo causar su engaño y súbito cambio de gustos, lo digo porque de verdad era un marimacho.

Es complicado eso del sexo con amor. Al final la mayoría de veces, aunque lo neguemos y aunque nos declaremos muy enamorados de nuestra pareja, son encuentros sexuales que desembocan en una eyaculación o un orgasmo que nada tiene que ver con el amor.

O sea, muchas veces se nubla la mente (no digo que la cosa sea distinta una que otra vez) y uno sólo se dedica durante los cinco segundos que dura la sensación del orgasmo, a disfrutar ese estremecimiento de la piel, el pubis, el pelo, la lengua, los pies, los pechos y la cabeza. O no?

Digo, yo recuerdo que una o dos veces le dije a mi esposa al terminar el acto…te amo. Pero fue un hecho conciente porque creo que fue un sexo de reconciliación. Es una confesión cínica, pero es mi caso.

Me gustaría hacer esa encuesta, pero si los hombres nos parecemos mucho a las mujeres y pongo un ejemplo verídico que involucra a la susodicha.

- ¿Usted que siente cuando termina? Pregunta la incauta y curiosa novia de Antonio al otro lado de la escasa pared del baño de damas del Teatro Metropolitano.
- Antonio, aún más incauto y buscando convencerla de que es especial para él improvisa una diatriba. Siento como cuando te pasas una rosa por los labios, esa sensación de suavidad aumentada al cuadrado.
- ¿Porque no solo me dice que siente rico y ya? Y no me venga con esas pajas. Contesta la insensible pero cuerda novia de Antonio.

Bueno, lo de insensible fue un recurso dramático para dar cuenta de que ella, a pesar de que estaba muy enamorada de mi, no sentía más que “rico” durante los escasos orgasmos que le ayudé a alcanzar. El sexo es mitad con amor, mitad sin amor.

Lo que digo es que en nuestra sociedad conservadora latinoamericana, lo seguro es que muchas (cada vez menos) mujeres, adolescentes y no tanto, acceden a tener relaciones sexuales con su pareja “por amor”, pero eso no significa que no sientan una “rica” sensación durante el coito que nada tiene que ver con el amor. De ahí, lo empiezan a disfrutar como lo que es, un acto fisiológico al que obedece el ser humano por instinto y nada más.

La verdad eso del homo sapiens esta sobrevalorado. Los animales tienen relaciones sexuales para reproducirse, procrear. Es su instinto cada vez que una hembra de su especie está en celo. El ser humano es, junto al delfín, el único animal que tienen sexo por placer.

Digo, que más “civilizado” y conservador puede ser para una especie tener sexo sólo para procrearse, según el Opus Dei, así debe ser ¿no? A pesar de que esta secta niega la teoría de la evolución de las especies, los animales replican y obedecen al dedillo este “mandato divino”.

Y, es que, ¿qué placer puede sentir una mujer católica envejecida, enferma y recién parida hace cuarenta días de su quinto hijo, durante el sexo con su abnegado esposo que la utiliza como receptáculo de su especie? Y menos amor por él, creo que sólo puede sentir amor a Dios y su fe para soportar a su esposo y su sonrisa de complacencia cuasi tierna cuando en una semana le de la noticia de que viene el sexto vástago.

Bueno, son suposiciones, pero es que una mi amiga que es del Opus y que ya va por el sexto, ya se graduó de la universidad pero su prole no le permite hacer algo más allá de ser auxiliar de un catedrático en una universidad privada, de ahí, sólo que por orden médica le quitaran los ovarios dejaría de procrear la pobre.

Sexo con amor es posible…no se. Si es posible, creo que si. Pero no durante todo el acto.

El amor esta sobrevalorado también. El sexo también lo está. Sobre todo cuando al hombre deja de excitarle una revista pornográfica después de que el proctólogo le hizo un examen de próstata barato. Ahí se da cuenta el hombre que una eyaculación puede llegar a ser, no más que el producto de un poco de presión sobre esa glándula con el dedo medio de otro hombre.

Es más, un niño aún sin llegar a la pubertad, puede tener una erección después de una larga jornada sin orinar. La vejiga le hace presión en la próstata y …zás, sus pantalones se deforman como si escondiera un marcador de pizarrón entre las piernas.

Eso si es traumático.

La mujer no tiene ese problema. Digo, de tener fluidos vaginales por el examen ginecológico. Suerte para ellas y que ventaja de verdad. Para muchas es una experiencia al cien por ciento desagradable, mientras que uno con el proctólogo siempre eyacula por su dedo…que imagen tan desagradable…necesaria de sufrir alguna vez por nosotros, pero siempre desagradable. Ven, eyaculación, no siempre es sexo y menos amor.

Tacto vaginal no siempre es sexo, y menos amor.

Pero la cosa no es tan dramática y tan traumática como las dos y media páginas anteriores.

Si, no hay conclusión sobre si el sexo involucra siempre al amor. A veces si, a veces no. Afortunados los que tienen un índice alto de sexo con amor. Tienen su propia historia romántica tipo Hollywood o Shakespeare sobre las relaciones de pareja.

Pero no hay nada como ese encuentro furtivo en un hotel en donde no hay reglas. En donde el vecino de al lado no te conoce. En donde podes gritar, gemir y dar lo que querés dar y pedir lo que querrás.

Hablar sucio, tierno, a gritos o solo pujar de placer. Arrancarte la ropa y buscar comerte la piel de ella.

Morder sin violencia, hasta provocar esa sensación que se encuentra en el umbral de la caricia y de la dominación, que da tanto placer como sufrimiento pero que te obliga a salivar y a sudar porque sabes que tu pareja esta saboreando tu pezón, y no solo siente su sabor, sino que también siente su olor, textura y calor.

Dar una palmada de vez en cuando en las nalgas para refrescar el momento. Una palmada cariñosa y en complicidad con ella. En la que el golpe no provoca dolor sino que acelera las sensaciones por la piel un poco y él, se siente que controla la situación, pero ella sabe que no es así porque en cada movimiento para tomar impulso y dar la palmada, es una contracción muscular que su cuerpo también aprovecha para apretarse contra el suyo.

¿Que si eso tiene que ver con confianza con él? Tal vez, pero entonces pierde la esencia de lo improvisado, de lo casual, y la cosa es involucrarse con alguien que sea mas o menos afín a tus propios deseos. Bueno, eso requiere un poco de más tiempo, cierto, pero también es un proceso de experimentación, de buen ojo e instinto.

Los seres humanos podemos andar en celo todo el tiempo, así que la cosa sería tener buen ojo y llegar a dar la palmada correcta por prueba y error, hasta llegar al punto exacto en que ella te diga que no quiere palmada, sino que prefiere que bajés a sus cavernas y explores con tu músculo lingual sus deliciosos fluidos.

Pequeñas mordidas, ricos chupones, presión suave sobre la piel de la nalga, jalar de la cintura contra tu cuerpo sin prisas, pero procurando que no quede espacio entre los cuerpos, que se sientan, que procuren fundirse, tragarse, saborearse.

¿Eso se puede hacer sin amor o no?

Es cuestión de piel (frase hecha pero válida), es cuestión de saliva, es cuestión de sudor, es cuestión de aroma, de sabor, de ritmo respiratorio. Esa respiración que cada vez se hace convierte cada vez más en un jadeo que revela la sensación que siente cada vez que encontrás otro punto que la estimula, otro movimiento que la acelera, otro ángulo que la estremece.

En el cuello, en las manos, en las nalgas, en los pies, en las piernas, en el pubis, en la oreja, en sus labios, con su lengua, en sus pezones, debajo de los pechos, alrededor de los pezones, pasear desde el derecho hasta el izquierdo sin dejar de tocar su torso con la lengua.

Y sin mayor esfuerzo, llegar a la espalda, empezar a besar donde termina el cuello y terminar de besar donde empieza la espalda, ahí, en la cintura, hacer una caricia que sienta hasta su riñón, el cual se pone generoso y comparte la sensación con su pubis, los pechos y la coronilla.

Es tan rico ese recorrido de su cuerpo que no pensás en porqué están ahí, no pensás en que va a pasar después de que termine todo, solo pensás que parte de su piel vas a visitar en el próximo segundo y el próximo, y en el siguiente y en la punta de su pie que deja ver que se estremece cada vez que encuentro un nuevo punto que la empuja más al borde del orgasmo.

Cada vez que se retuerce un poco, se que estoy logrando algo y mi hombría crece un poco cada vez. Entonces no me apresuro, sigo explorando sus puntos, tratando de obviar lo obvio, tratando de estar donde los libros no dicen que se puede encontrar el estímulo. Donde el cine erótico no llega por temor a la censura. Donde el porno duro no pasa porque no es lo suficientemente sucio.

Ahí, donde ella lanza un gemido aunque sea suave, o reacciona con una pequeña contracción en el vientre; ahí se que voy llegando por el camino correcto y que voy a llegar al verdadero cielo, cuyo camino no es tortuoso como lo describe la biblia y hasta se atreve a conminar a sus seguidores. Ese camino es tan rico, tan deleitante, tan abrasivo, tan embriagante y tan peligroso, que no queda más que seguir explorándolo hasta llegar a la gloria y el perdón juntos.

Ese camino no admite remordimientos, sólo sexo. Hace olvidar el amor o la conciencia de que en realidad ignoras su nombre, sólo querés seguirla saboreando hasta que ella sepa que podes darle lo que ella quiere…y cuando ella lo obtiene, cuando llega al clímax, entonces sabes que sos suficiente hombre para poder sentir tu sexo dentro del suyo.

(I am such a giver don´t you think?)

Y al final, viene la resaca emocional, pero el recuerdo de que tuviste el mejor sexo…antes del próximo encuentro eso sí.

¿Sexo con amor? hay que buscarlo, pero no debe ser un objetivo de vida porque la mayoría de los encuentros sexuales, incluso con la esposa o esposo, son más sexo que amor. No es un pecado, ni tampoco es un crimen y mucho menos es una virtud.

Pero que rico es hacerlo sin compromisos involucrados. Que rico es pasarla bien.